Cuando conocí a Oslo Yes!

Crónica de un encuentro en las antípodas del mundo

Hay viajes que empiezan mucho antes de subir al avión. El mío empezó el día que tuve la certeza de que iría al OSC SCAR 2026, y que esa certeza, todavía tibia, me llevó a hacer lo que hacemos todos hoy: buscar. Escribí "Oslo" en el buscador, agregué "qué ver", "qué hacer", "cuánto cuesta", y entre tanto video encontré un canal en español que se sentía distinto. Lo conducía Carlos, un chileno que hace dieciséis años vive en Noruega y que ha convertido su mirada de compatriota trasplantado en una guía cálida, precisa y generosa de la ciudad. Su canal, YesOslo, es de esos rincones de internet ampliamente visitados no por escándalo ni por algoritmo, sino por algo más raro: porque sirve de verdad.

Vi sus videos uno tras otro. Encontré datos, consejos, atajos, advertencias sobre precios, recomendaciones que solo puede dar quien camina esas calles todos los días. Sin saberlo, Carlos ya estaba viajando conmigo antes de que yo llegara. Así que cuando finalmente pisé Oslo, una parte de la ciudad ya me resultaba familiar gracias a él.

Lo que no imaginé fue lo que vino después.

Fue en las inmediaciones del Museo de la Resistencia, ese lugar donde Noruega guarda la memoria de su ocupación y de su dignidad. Yo caminaba con la cabeza puesta en la historia cuando lo vi: un hombre con su trípode y su cámara, hablando con ese tono chileno inconfundible que reconocí al instante, como se reconoce la voz de alguien de casa en medio de un país lejano. Ahí estaba, generando contenido, trabajando, entregando su conocimiento con esa naturalidad de quien lo hace por gusto y por vocación. Verlo en carne y hueso, después de haberlo escuchado tantas veces en la pantalla, tenía algo de fantasía, de coincidencia demasiado perfecta para haber sido programada.

Lo interrumpí sin pensarlo mucho. Reconozco que interrumpí su trabajo —esa cámara encendida, ese hilo de una grabación que quién sabe cuánto le costaba retomar— y aun así él fue amable, generoso, sin una sombra de fastidio. Se tomó su tiempo. Yo le agradecí, emocionado, por lo que hace; le conté que sus videos me habían acompañado en la preparación de este viaje, que sus consejos me habían servido de brújula. Y él, como buen comunicador, en vez de despedirme con una sonrisa cortés, se puso a conversar y a regalarme más: consejos, buenos datos, esa información viva que no cabe en ninguna guía impresa.

Fue como si ya lo conociera. Y creo que eso ocurre cuando una persona hace algo para los demás con pasión, con amor y con entrega. Uno llega a sentir que conoce a quien nunca ha visto, porque lo que entrega —su voz, su tiempo, su mirada— viaja más lejos de lo que él mismo alcanza a dimensionar.

En ese momento hice algo que había imaginado poco y sentido mucho: le entregué el pabellón del programa educativo "Embajadores Antárticos". Un regalo humilde, casi desproporcionado frente a lo que él ha dado al mundo. Porque Carlos ha entregado muchísimo, probablemente sin medir el impacto que tiene en tantas personas —viajeros, curiosos, chilenos nostálgicos, latinos que sueñan con el norte— que en su gran mayoría jamás podrán estrecharle la mano ni darle un abrazo. Yo, esa mañana, pude hacer las dos cosas en nombre de todos ellos.

Fue un encuentro mágico, de esos que uno no programa ni sueña. Estábamos en las antípodas del mundo, a miles de kilómetros de casa, frente a un museo que habla de resistencia y de memoria, y ahí la vida decidió cruzarnos. Esa es la magia de estar lejos: que lo familiar aparece donde menos lo esperas, con acento chileno y trípode en mano.

Si estás leyendo esto y todavía no conoces su trabajo, búscalo. Su canal se llama YesOslo y su labor es inmensa: un chileno en Noruega abriéndole las puertas de Oslo a quien quiera escuchar, en nuestro idioma, con nuestra calidez.

https://www.youtube.com/@Osloyes

https://www.instagram.com/oslo_yes

Gracias, Carlos, por lo que haces. Y gracias a la vida, que en las antípodas del mundo todavía sabe regalar encuentros así.


Escrito por Francisco Sánchez, Historiador.

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