La marea chilena en Oslo: ciencia, historia y divulgación en el corazón del SCAR

Entre los cerca de 1.400 especialistas reunidos en la capital noruega para la XII Conferencia de Ciencia Abierta del SCAR, Chile despliega una delegación que desborda los laboratorios: investigadores, historiadores, comunicadores y jóvenes que han hecho de la Antártica una causa compartida y una forma de mirar el mundo desde el extremo sur.

Hay países que llegan a Oslo con microscopios y testigos de hielo, y hay otros que llegan, además, con relatos, aulas y memoria. Chile es de los segundos. En la XII Conferencia de Ciencia Abierta del Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR) —que del 8 al 19 de agosto convirtió a la capital noruega en la capital mundial del continente blanco— la delegación nacional, de una veintena de representantes, dibujó un mapa mucho más ancho que el de la ciencia dura. Fue la fotografía de un país que entiende la Antártica como territorio de conocimiento, pero también de educación, divulgación e identidad.

Los científicos: del hielo a la mesa de negociación

En el corazón académico del encuentro, la ciencia chilena volvió a pesar en los debates de mayor proyección. Investigadores del Instituto Antártico Chileno (INACH), del Instituto Milenio BASE —Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos—, del Centro Internacional Cabo de Hornos y de diversas universidades nacionales ocuparon sesiones y mini-simposios sobre los temas que hoy tensionan el océano Austral.

Entre ellos, César Cárdenas —vinculado al INACH y al Instituto Milenio BASE, y presidente del Comité Científico de la CCRVMA, la comisión que regula los recursos vivos marinos antárticos— aportó su mirada al debate sobre conservación marina y áreas protegidas en el fin del mundo. A su lado, Hugo Benítez, de la Universidad Andrés Bello, llevó la discusión sobre las invasiones biológicas terrestres, una de las amenazas más silenciosas para ecosistemas que evolucionaron durante millones de años en aislamiento. En sus intervenciones se jugaba algo más que un póster: la posibilidad de que la voz chilena incida en decisiones —desde nuevas áreas marinas protegidas hasta el control de especies invasoras— que definirán el futuro del continente.

Los historiadores: la Antártica también se cuenta

Pero la delegación no se agotó en la ciencia física. En el área de ciencias sociales, el historiador antártico Francisco Sánchez —reconocido en Magallanes por sus reportajes históricos y por conducir el programa Exploradores Antárticos— llevó a Oslo un trabajo de largo aliento. El proceso, contó, empezó en junio de 2025 con la postulación de dos mesas temáticas; la aceptación llegó en noviembre desde el Instituto Polar Noruego, y desde entonces fue casi un año y medio de preparación y búsqueda de financiamiento para poder viajar.

La primera de esas mesas puso frente a frente las primeras expediciones antárticas de Chile y México, tendiendo un puente latinoamericano hacia el continente y proyectando los desafíos tecnológicos y científicos que vienen. La segunda se adentró en los modelos educativos para comprender la Antártica, y fue el escenario donde se presentó el libro Cuentos Antárticos y algo más junto a experiencias de divulgación nacidas en Magallanes. En ambas conversaron investigadores del INACH, integrantes de la Coalición de Jóvenes Antárticos y especialistas mexicanos: la historia antártica, así contada, dejó de ser un dato de archivo para volverse herramienta de identidad.

Los comunicadores: acercar el hielo a quienes nunca lo pisarán

Si algo distingue a la comitiva chilena es su apuesta por la divulgación. La periodista María Pastora Sandoval —una de las voces detrás de Cuentos Antárticos y algo más— representó ese oficio de traducir la ciencia a un lenguaje que llegue a las aulas y a los hogares. La convicción de fondo es sencilla y poderosa: la Antártica, remota y frágil, debe ser comprendida también por quienes jamás pondrán un pie en el hielo.

A esa tarea se sumó la cobertura en terreno de medios regionales, con despachos en vivo desde Oslo para acercar el congreso a Magallanes, y el propio Sánchez insistió en la idea que anima el viaje: muchas veces la comunidad vive ajena a lo que ocurre en el sistema antártico, y encuentros como este son la ocasión para reducir esa distancia y mostrar el papel de Chile como puerta de entrada al continente. En ese mismo espíritu se inscribe Mirador Antártico, que desde Punta Arenas hace de la divulgación y la memoria austral una causa permanente.

Los jóvenes y la sociedad civil: savia nueva para el continente

La delegación tuvo, además, un marcado acento generacional. Constanza Barrientos, de la Fundación Coalición de Jóvenes Antárticos de Chile, participó en una mesa pensada para tejer vínculos entre jóvenes y especialistas, y destacó el valor de reunir a científicas y científicos de distintos países para conocer, de primera mano, lo que hoy se investiga en el confín austral. Junto a ella, iniciativas como el programa Embajadores Antárticos, la Fundación Valle Hermoso, la Fundación Huellas Magallánicas y el Centro de Estudios Hemisféricos y Polares confirmaron que la proyección antártica de Chile ya no depende solo de sus laboratorios, sino de un ecosistema que empuja desde Magallanes.

Un país puente, una marea que crece

Vista en conjunto, la presencia chilena en Oslo cuenta una historia mayor. Punta Arenas —uno de los cinco grandes accesos al continente helado, desde donde operan expediciones, vuelos, buques y bases— reafirmó su condición de puerta de entrada a la Antártica, y con ella la de todo un país que asume su vocación austral como asunto de Estado y de comunidad. Chile llegó al norte de Europa recogiendo el testigo que entregó en 2024, cuando el INACH organizó la conferencia anterior en Pucón, y lo hizo con una delegación que hablaba varios idiomas a la vez: el de la ciencia, el de la historia, el de la educación y el de la divulgación.

Bajo el lema «Diving into Antarctic Science – Making Waves for the Future», las olas que dan nombre al encuentro encontraron en la comitiva chilena un reflejo nítido: el de un país pequeño frente a la inmensidad blanca, pero grande en su empeño por comprenderla, cuidarla y contarla. Esa marea —de investigadores, historiadores, comunicadores y jóvenes— salió de Oslo con una certeza: la Antártica seguirá siendo, para Chile, un laboratorio del futuro y una causa que vale la pena seguir remando.

2 comentarios en «La marea chilena en Oslo: ciencia, historia y divulgación en el corazón del SCAR»

    1. ¡Muchas gracias por su comentario! Así es, tenemos un país privilegiado y debemos relevarlo en todas las instancias que podamos.

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