Punta Arenas. Hay conversaciones que no terminan cuando se apagan las luces del auditorio. La que la comunidad antártica internacional abrió durante el SCAR 2026 encontró un nuevo capítulo lejos de las salas y cerca de las pantallas: una post conferencia en formato de póster digital, transmitida vía online bajo la dirección del Instituto Polar Noruego, en la que la ciencia volvió a viajar sin necesidad de pasaporte. Y en ese muro virtual que reunió miradas de medio mundo, otra vez hubo acento chileno.
La primera en dejar su marca fue la periodista científica María Pastora Sandoval, fundadora de Mirador Antártico, con un trabajo que ya ha recorrido escenarios: "Análisis de la dinámica de las búsquedas en internet para la palabra Antártica en las ciudades puerta de entrada: similitudes y diferencias de los cinco puntos geográficos". La investigación —presentada también en la Open Science Conference (OSC) del SCAR 2026 y en el X Foro de Educación Antártica— propone una manera poco habitual de mirar el continente: no desde el hielo, sino desde la curiosidad que despierta en quienes lo teclean, cada día, en un buscador. Detrás de cada consulta hay una pregunta, y en esas preguntas Sandoval leyó las cercanías y las distancias que separan a las ciudades que sirven de umbral al fin del mundo.
Desde la vereda de la historia llegó Francisco Sánchez —investigador asociado de CEDESTRA, de la Fundación Valle Hermoso y del Centro de Estudios Hemisféricos y Polares, y jefe del programa Embajadores Antárticos de la Fundación Huella Magallánica—, esta vez con tres trabajos bajo el brazo. En "80 años de la primera expedición antártica chilena" volvió sobre un hito fundacional de la presencia nacional en el continente; en "Ayudas a la navegación en el Territorio Chileno Antártico" puso el foco en esa infraestructura discreta que hace posible moverse entre los hielos; y en "Imaginarios y percepciones de niños en torno al continente blanco: los casos de Argentina, México y Chile" se asomó a cómo las nuevas generaciones de tres países imaginan un lugar que la mayoría nunca pisará.
La cita, además, tuvo el mapa abierto de par en par. Junto a la delegación chilena participaron especialistas de Colombia, Estados Unidos, Australia, Argentina, Uruguay y otros países, en una muestra de que el interés por la Antártica no reconoce hemisferios ni idiomas. Cada póster fue una ventana a un trabajo distinto, y el conjunto, un recordatorio de que el continente blanco se estudia desde muchas orillas a la vez.
Quizás ese sea el sentido más hondo de una post conferencia como esta: prolongar la conversación cuando el gran encuentro ya pasó, y demostrar que la Antártica —tan lejana, tan blanca, tan silenciosa— se vuelve más cercana cada vez que alguien decide compartir lo que sabe. Esta vez, parte de ese relato se escribió en español y con firma chilena.
