La Facultad de Derecho de la Universidad de Chile fue escenario, el pasado martes 16 de junio, de un encuentro que pocos años atrás habría parecido impensable: un coloquio académico dedicado por completo a la violencia sexual en la Antártica. Con el título "Coloquio Antártico I: Violencia Sexual en la Antártica", la actividad inauguró el "Ciclo de coloquios antárticos" impulsado por el Programa de Estudios Antárticos de esa casa de estudios, y marcó un punto de encuentro y reflexión que se anticipa decisivo para el quehacer antártico nacional.
La jornada fue organizada, presentada y liderada por el director del Programa de Estudios Antárticos, el Dr. Luis Valentín Ferrada Walker, académico del Departamento de Derecho Internacional de la Universidad de Chile, investigador principal del Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE) y miembro del Comité Permanente en Humanidades y Ciencias Sociales del Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR). Su sello quedó impreso en el enfoque del encuentro: abordar la Antártica no solo como un laboratorio natural, sino como un espacio humano donde también deben regir el derecho, la dignidad y la protección de las personas.
Un tema largamente silenciado
Durante décadas, el relato dominante sobre la Antártica fue el de la épica científica y exploratoria, un escenario de hielo y heroísmo donde el factor humano parecía reducirse a la resistencia física. El coloquio vino a recordar que, donde hay comunidades trabajando en aislamiento extremo, también pueden reproducirse las violencias que afectan a la sociedad. Bases y campamentos remotos, con escasa conectividad, jerarquías marcadas y convivencia forzada por meses, configuran contextos de especial vulnerabilidad, sobre todo para las mujeres que cada temporada engrosan las dotaciones científicas y logísticas.
La discusión no es abstracta. En los últimos años, la justicia chilena debió hacerse cargo de hechos de violencia sexual ocurridos en el Territorio Chileno Antártico, un episodio que obligó a poner a prueba los protocolos institucionales y la propia capacidad del Estado para ejercer jurisdicción en el continente. Ese precedente, ampliamente debatido por la comunidad antártica y los colectivos de mujeres científicas, transformó una preocupación latente en una urgencia pública y dio sentido a un espacio como este.
Las voces del coloquio
El corazón de la actividad estuvo en las exposiciones de tres investigadoras del Programa de Estudios Antárticos de la Facultad de Derecho: Catalina Gatica Fernández, Magdalena Madrigal Tapia e Isidora Martínez Fariña. Desde una mirada jurídica y multidisciplinaria, las panelistas analizaron los avances en la regulación nacional sobre la materia y, con igual franqueza, los numerosos desafíos que siguen pendientes.
Entre los ejes abordados se contaron la dificultad de denunciar e investigar delitos cometidos a miles de kilómetros del territorio continental, la necesidad de protocolos claros de prevención y acompañamiento, la atención a víctimas en lugares sin infraestructura policial ni sanitaria, y la tensión entre promover la participación femenina en la ciencia polar y garantizar entornos efectivamente seguros. La conversación dejó en evidencia que el aislamiento, que define la experiencia antártica, es también el principal obstáculo para la justicia.
Que estas reflexiones provengan de jóvenes investigadoras no es un detalle menor: refleja el recambio generacional de una disciplina que, durante años, relegó las ciencias sociales y humanidades a un lugar marginal dentro de la agenda antártica, y que hoy comienza a reconocer su carácter indispensable.
Reflexión abierta y de alcance internacional
Uno de los aciertos del encuentro fue su vocación de apertura. Más allá del público presente en la Sala Matilde Brandau de la Facultad de Derecho, en Providencia, la jornada fue transmitida en vivo por YouTube, permitiendo que investigadores, estudiantes, operadores logísticos y ciudadanía en general siguieran el debate desde cualquier punto del país y del extranjero.
Esa decisión conecta con el espíritu del nuevo ciclo de coloquios: instalar, de manera periódica y rigurosa, los temas político-jurídicos antárticos en el espacio público. Si la ciencia chilena ha alcanzado prestigio internacional por sus publicaciones y su presencia en terreno, este tipo de iniciativas demuestra que el liderazgo antártico también se construye en el plano de los derechos, la gobernanza y la ética.
Un nuevo capítulo del quehacer antártico
El I Coloquio Antártico deja una señal clara: la Antártica del siglo XXI no puede pensarse únicamente desde la glaciología, la biología o la geopolítica, sino también desde el bienestar y la seguridad de quienes la habitan y la estudian. Hablar de violencia sexual en el Continente Blanco no debilita la imagen del esfuerzo nacional; al contrario, lo fortalece, porque revela una comunidad capaz de mirarse críticamente y de exigirse estándares a la altura de su vocación polar. Bajo el liderazgo del Dr. Ferrada y con el protagonismo de una nueva generación de investigadoras, la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile abrió una puerta que difícilmente volverá a cerrarse. El desafío, ahora, es que la reflexión se traduzca en protocolos eficaces, en regulación robusta y en una cultura institucional que haga de la Antártica un territorio seguro para todas las personas. Este primer coloquio será recordado como el momento en que el tema dejó de ser un silencio incómodo para convertirse en una agenda urgente del quehacer antártico chileno
