Chile y México, ochenta años de distancia y un mismo horizonte antártico

En una jornada cargada de simbolismo, la ciudad noruega que estos días concentra la mirada de la comunidad científica polar fue escenario del panel "Media and Scientific Dissemination: the cases of Chile and Mexico in Antarctica", desarrollado en el marco de la Open Science Conference SCAR 2026. La actividad reunió, en torno a un mismo relato, dos hitos separados por casi ocho décadas: la Primera Expedición Antártica Chilena de 1947 y la primera incursión mexicana al continente blanco, materializada durante el período estival 2025-2026.

La cita convocó a la periodista científica María Pastora Sandoval, al historiador Francisco Sánchez y a Natalia de la Selva, quienes tejieron un diálogo entre la memoria histórica, la divulgación y la proyección científica. El encuentro contó con la presencia del Embajador de Chile en Noruega, Helmut Lagos, y con investigadores provenientes de India, Italia, México, Polonia, Chile, Inglaterra, Noruega y Argentina, en un auditorio que se transformó en un genuino punto de encuentro para conocer antecedentes, testimonios e imágenes históricas de ambas expediciones.

Dos primeras veces, un mismo hilo conductor

La expedición chilena de 1947 marcó un antes y un después en la historia antártica nacional. Aquel esfuerzo pionero no solo consolidó la presencia soberana de Chile en el territorio austral, sino que abrió el camino a las primeras acciones científicas del país en el continente helado, sentando las bases de una vocación que se prolonga hasta hoy. Casi ochenta años más tarde, México dio su propio paso inaugural, incorporándose al selecto grupo de naciones que despliegan investigación en la Antártica.

Pese a la enorme distancia temporal que las separa, ambas gestas comparten factores esenciales: la cooperación internacional como columna vertebral y la proyección de la ciencia como propósito. Ese fue, precisamente, el eje que dio coherencia a la conversación y que permitió mirar dos historias tan distintas bajo una misma clave de lectura.

Durante la jornada se exhibieron imágenes de la Primera Expedición Antártica Chilena de 1947, junto a antecedentes de las primeras labores científicas emprendidas por Chile en el continente blanco. Por su parte, la Agencia Mexicana de Estudios Antárticos (AMEA) presentó un microdocumental que detalló pormenores de su primera expedición, ofreciendo al público una mirada fresca sobre el modo en que una nación se estrena en la exploración polar en pleno siglo XXI.

Voces desde el territorio y desde la toma de decisiones

El panel también tendió puentes hacia quienes habitan y proyectan el extremo austral. Se proyectó un video de saludo de la dotación de la Base Naval Antártica "Capitán Arturo Prat", gesto que acercó a los asistentes la vida cotidiana de quienes sostienen la presencia chilena en el continente durante todo el año.

A ello se sumaron las reflexiones de actores clave en la toma de decisiones. El Gobernador de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, doctor Jorge Flies, y el Gerente de Finning Punta Arenas, Gonzalo Mitrovich, plantearon los desafíos y las proyecciones estratégicas asociadas al rol de desarrollo de la región y a su condición de puerta de entrada a la Antártica. Sus intervenciones subrayaron que el vínculo antártico no se agota en la épica de las expediciones, sino que se traduce en oportunidades concretas de desarrollo territorial, logística y colaboración científica para el sur del mundo. Punta Arenas y la región de Magallanes, recordaron, son mucho más que un punto en el mapa: constituyen el umbral natural desde el cual buena parte de la comunidad internacional accede al continente, con la responsabilidad y el potencial que ello implica.

La Antártica desde las ciencias sociales

Uno de los momentos más comentados llegó con la exposición de María Pastora Sandoval, quien presentó una investigación en torno a las dinámicas de las búsquedas del término "Antártica" en Google, realizadas desde las ciudades que operan como puertas de entrada al continente. El enfoque, novedoso, pone en evidencia cómo el interés ciudadano por el territorio austral puede rastrearse y medirse a partir de las huellas digitales que dejan las comunidades más próximas geográficamente a él.

"Es un hito importante debido a que retomo mi actividad como investigadora poniendo en valor a Antártica desde las ciencias sociales", expresó la connotada periodista, subrayando el aporte de las disciplinas sociales a un campo tradicionalmente dominado por las ciencias naturales y la logística polar.

El historiador Francisco Sánchez, en tanto, valoró la oportunidad de compartir la experiencia fundacional de Chile en la Antártica. "Fue una instancia muy importante en donde pudimos compartir los desafíos de la primera expedición antártica chilena, así como compartir antecedentes de las diferentes labores que desarrolla Chile en apoyo del quehacer científico, la exploración, la salvaguarda de la vida humana en el mar y, sobre todo, el importante rol que tenemos como nación antártica", señaló.

Reconocimientos y símbolos que emocionaron

La jornada tuvo también sus instantes de mayor carga emotiva. Natalia de la Selva hizo entrega de un reconocimiento a la delegación ucraniana que brindó apoyo a la primera expedición antártica mexicana, un gesto de gratitud que conmovió a los presentes y que graficó, en un solo acto, ese espíritu de cooperación internacional que atraviesa toda actividad en el continente helado.

El cierre estuvo reservado para un símbolo de profundo significado. La periodista María Pastora Sandoval y el historiador Francisco Sánchez hicieron entrega, al Embajador de Chile en Noruega, de un pabellón izado en el Territorio Chileno Antártico. La enseña será resguardada en la Embajada de Chile en Noruega, como muestra tangible de la vocación tricontinental del país y de su proyección en los océanos Pacífico y Austral.

De este modo, en una misma sala de Oslo, se dieron cita el pasado y el presente de la exploración antártica de dos naciones latinoamericanas. Ochenta años separan a Chile y a México en sus respectivas primeras veces; sin embargo, la jornada dejó en claro que los une algo más poderoso que el calendario: la convicción de que la ciencia, la cooperación y la memoria son los verdaderos vehículos para habitar, comprender y proyectar el continente blanco.

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