Del laboratorio de Talca al continente blanco: nanopartículas de cobre y bacterias antárticas marcan presencia chilena en el SCAR 2026

En medio del intercambio académico de la 12ª Conferencia Científica Abierta del SCAR (Scientific Committee on Antarctic Research), que reúne estos días en Oslo a la comunidad antártica mundial bajo el lema "Diving into Antarctic Science: Making Waves for the Future", un póster chileno detiene el paso de investigadores llegados desde distintos rincones del planeta. Frente a él está Nicolás Flores Castañón, estudiante de Doctorado en Ciencias Biomédicas, que explica con naturalidad —y en un inglés que, reconoce, "ayudó muchísimo"— cómo microorganismos del ambiente más extremo de la Tierra pueden responder a problemas cotidianos de la ciudadanía.

Su trabajo, desarrollado en Talca, se centra en nanopartículas de cobre estabilizadas con exopolisacáridos de bacterias antárticas. Detrás de ese título técnico hay una idea potente: aprovechar recursos nacionales provenientes de ambientes extremos, como la Antártica, para evaluar la capacidad antioxidante y antibacteriana de estos polisacáridos bacterianos, que además poseen la propiedad de estabilizar nanopartículas metálicas de cobre. Es investigación de frontera hecha con sello local, y así lo percibieron quienes se acercaron durante la sesión de pósters de la Open Science Conference.

"Hoy fue un gran día: mucha gente mostró interés en nuestra presentación", cuenta Flores. Entre los visitantes hubo investigadores del Instituto Milenio BASE, académicos de distintas universidades chilenas y estudiantes e investigadores de diversas partes del mundo. La lectura del joven científico es clara: están presentando ideas novedosas, construidas a partir de recursos nacionales de ambientes extremos, para responder a problemáticas concretas de las personas. Su participación fue financiada por el proyecto INACH DG_03-25, un financiamiento de INACH enfocado en apoyar el desarrollo de trabajos de estudiantes de doctorado, en el cual es investigador principal. Su investigación es fruto de las muestras obtenidas en marco del proyecto INACH REGULAR RT_24-21 durante los Encuentros Científicos Antárticos (ECA) 59 Y 60.

La estadía en Oslo, admite, no ha estado exenta de dificultades. Pero cada jornada la describe como una gran experiencia, marcada por la posibilidad de apreciar perspectivas de investigación muy diversas: contaminantes antropogénicos, impacto de la huella humana, cambio climático y el efecto de las especies invasoras sobre el continente blanco. La única frustración es dulce: la agenda desborda. "Uno queda con sabor a poco cuando hay que elegir entre distintas exposiciones en distintos lugares", dice, lamentando que sea imposible presenciar todo el trabajo antártico que se despliega en paralelo, y que los pósters tampoco alcancen para visitar a cada investigador de interés.

Un componente que Flores subraya con entusiasmo es la divulgación científica. El "fuerte" de este año es un juego de cartas de mesa pensado para llevar la ciencia a colegios, universidades y conferencias, y que el equipo está dispuesto a compartir en los eventos de divulgación a los que se les invite. La convicción de fondo es acercar la investigación a la comunidad, una y otra vez.

Detrás de esta línea de trabajo está su tutora doctoral, la Dra. Aparna Banerjee, de la Universidad Autónoma de Chile casa de estudios que acoge el Doctorado en Ciencias Biomédicas, quien lo ha guiado desde el pregrado a través de campos tan distintos como la bioinformática, la hortofruticultura y, actualmente, la microbiología extremófila. La investigación se orienta hoy al potencial antibacteriano y anticancerígeno de los exopolisacáridos producidos por aislados de ambientes geotermales, una veta que promete seguir dando frutos.

El paso por Oslo deja en Flores algo más que resultados y contactos. "Esta experiencia ha enriquecido enormemente mi comprensión del mundo científico", afirma, antes de fijarse una meta para la próxima edición del SCAR: presentar de manera oral, sin dejar por ello de invitar a la gente a revisar su póster. Entre nanopartículas de cobre, bacterias del fin del mundo y un mazo de cartas para divulgar, la ciencia chilena se hace notar en la principal cita antártica del planeta —y promete volver con más.

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