Oslo, 12 de agosto de 2026. La capital noruega se ha transformado estos días en la capital mundial de la ciencia antártica. Entre el 8 y el 19 de agosto, bajo el lema "Diving into Antarctic Science – Making Waves for the Future" ("Sumergirse en la ciencia antártica, generando olas para el futuro"), cerca de 1.400 especialistas de decenas de países se dan cita en la XII Conferencia de Ciencia Abierta del Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR), organizada por el propio SCAR y el Instituto Polar Noruego. Es el encuentro más importante del planeta en torno al continente blanco, y a él Chile llegó con peso propio, encabezado por su principal operador antártico nacional: el Instituto Antártico Chileno (INACH).
La delegación, dirigida por el Director Nacional del INACH, el Dr. Gino Casassa, glaciólogo de reconocida trayectoria, llegó a Noruega para recoger el testigo que el propio Instituto entregó en 2024, cuando organizó la conferencia anterior en Pucón. Aquella cita reunió a más de 1.200 participantes y confirmó a Chile como un actor central de la ciencia polar. En Oslo, esa condición se reafirma: el país no solo aporta trabajos científicos, sino también capacidad de articulación, gobernanza y liderazgo institucional.
Un hito para el futuro: la Oficina del Quinto Año Polar Internacional
La jornada de este 12 de agosto quedó marcada por un momento de proyección histórica. El INACH participó en la inauguración de la oficina del Quinto Año Polar Internacional (IPY 2032-33), la gran iniciativa que cada varias décadas moviliza a la comunidad científica mundial en torno a los polos y que hoy comienza a articularse rumbo a comienzos de la próxima década. La presencia chilena en esta puesta en marcha no es anecdótica: reafirma la vocación del país de participar desde el diseño mismo de la agenda polar global, tendiendo puentes entre el hemisferio austral y los grandes programas internacionales.
Para el INACH, sumarse a este proceso desde su origen es coherente con su rol de operador nacional y con su apuesta estratégica —expresada en el Plan Quinquenal 2026-2030, "Liderazgo en la Ciencia Polar Global y Operación Antártica Sostenible"— por situar a Chile en la primera línea de la investigación y la logística antártica.
Una comitiva que habla varios idiomas a la vez
La fuerza de la representación chilena está también en su diversidad. Junto al Dr. Casassa, Oslo reúne a figuras que proyectan la ciencia, el derecho, la comunicación y la educación antártica del país.
Entre ellas destaca Alejandra Mansilla, parte de la delegación nacional que da cuenta del recambio y la proyección de nuevas generaciones de investigadores e investigadoras vinculados al quehacer antártico chileno. A su lado, el jurista Luis Valentín Ferrada —doctor en Derecho, director del Programa de Estudios Antárticos de la Universidad de Chile, Investigador del Instituto Milenio BASE, integrante del Comité Permanente en Humanidades y Ciencias Sociales del SCAR y redactor principal de la Ley Chilena Antártica— recuerda que el futuro del continente no se juega solo en los laboratorios, sino también en las reglas que lo protegen como espacio de paz y ciencia.
La conservación de los ecosistemas marinos tiene voz propia en César Cárdenas, investigador del INACH, Instituto Milenio BASE y presidente del Comité Científico de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), presente en los debates sobre protección marina y especies invasoras. Y la tarea de traducir la ciencia a un lenguaje cercano a las aulas y los hogares recae en la periodista María Pastora Sandoval, representante de Magallanes que encarna el oficio de acercar la Antártica —remota y frágil— a quienes nunca pisarán el hielo.
Del laboratorio al aula: los programas del INACH en el intercambio global
La huella del INACH en Oslo no se mide únicamente en ponencias. Se expresa, sobre todo, en la manera en que sus programas científicos y educativos alimentan el intercambio de conocimiento que da sentido a un encuentro como el SCAR.
En el plano científico, el modelo de formación y financiamiento de proyectos del Instituto ha permitido que Chile multiplicara por más de treinta su producción científica antártica en dos décadas, situándose hoy entre las investigaciones más citadas del mundo. Ese salto es el que hace posible que científicos chilenos lleven a Oslo resultados propios y, con ellos, colaboraciones internacionales que continuarán mucho después de que se apaguen las luces de la conferencia.
En el plano educativo, iniciativas emblemáticas del INACH como la Feria Antártica Escolar y el programa Embajadores Antárticos encarnan una convicción de fondo: que el conocimiento generado en el continente blanco debe volver a las comunidades, a las escuelas y a las nuevas generaciones. Esa dimensión formativa y divulgativa —reforzada en Oslo por espacios de conversación entre jóvenes y especialistas, y por el trabajo de comunicadores y organizaciones juveniles surgidas desde Magallanes— convierte al INACH en un verdadero articulador entre la ciencia de frontera y la sociedad.
Chile, país puente hacia la Antártica
Vista en conjunto, la participación chilena en el SCAR 2026 cuenta una historia mayor. Punta Arenas, sede del INACH y una de las grandes puertas de entrada al continente helado, reafirma su condición de plataforma logística y científica de proyección internacional. Y el Instituto Antártico Chileno, como principal operador nacional, confirma su papel no solo de ejecutor de la política antártica de Chile, sino de articulador y líder capaz de tejer alianzas, formar talento y proyectar la voz del país en los foros donde se decide el futuro de la Antártica.
Las olas que dan nombre a la conferencia encontraron en la comitiva chilena un reflejo nítido: el de un país que, desde el fin del mundo, se empeña en comprender, cuidar y contar la Antártica. Una marea que —con el INACH a la cabeza y con la mirada puesta ya en el Quinto Año Polar Internacional— promete seguir creciendo.
