Chile en Oslo: la voz austral que hizo olas en la ciencia antártica mundial XII Conferencia de Ciencia Abierta del SCAR, Oslo 2026

Entre el 8 y el 14 de agosto de 2026, la ciudad de Oslo se convirtió en la capital mundial de la ciencia antártica. En las salas del Clarion Hotel The Hub, y bajo el lema "Diving into Antarctic Science: Making Waves for the Future" —"Sumergiéndonos en la ciencia antártica: haciendo olas para el futuro"—, la 12ª Conferencia de Ciencia Abierta del Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR) reunió a la comunidad polar del planeta: cientos de investigadoras e investigadores, delegados, jóvenes científicos, gestores y comunicadores llegados desde los cinco continentes para debatir el presente y el futuro del Continente Blanco —jornadas a las que seguiría luego la reunión de delegados del organismo. En ese escenario de primer nivel, Chile no fue un espectador: fue protagonista.

La delegación chilena llegó a Noruega con una convicción clara: la Antártica no es una frontera lejana, sino una extensión natural de nuestra identidad, nuestra geografía y nuestra política de Estado. El Territorio Chileno Antártico es parte constitutiva de la nación, y como país signatario del Tratado Antártico, Chile ha construido durante décadas un liderazgo que hoy lo posiciona como referente latinoamericano en producción científica polar. Y ese liderazgo tiene un epicentro: Magallanes y Punta Arenas, la puerta de entrada al Territorio Chileno Antártico, desde donde parte buena parte del conocimiento, la logística y la vocación que el país proyecta hacia el sur del mundo. Esa dimensión de Estado tuvo un respaldo visible en Oslo con la presencia del Embajador de Chile en Noruega, Helmut Lagos, quien acompañó el desarrollo de la conferencia y reforzó el compromiso institucional del país con la ciencia, la soberanía y la cooperación antártica.

El rol de Chile y la impronta de Gino Casassa

Pocas figuras encarnan ese vínculo entre ciencia y soberanía como el Dr. Gino Casassa Rogazinski, director del Instituto Antártico Chileno (INACH). Glaciólogo con más de cuatro décadas de campañas en el hielo, ingeniero civil hidráulico, doctor en Ciencias y uno de los científicos colaboradores del informe del IPCC que en 2007 fue reconocido con el Premio Nobel de la Paz, Casassa representa la memoria viva y la proyección futura de la investigación antártica chilena. Su presencia en Oslo fue mucho más que protocolar: reafirmó que hacer ciencia en el extremo austral es, al mismo tiempo, un acto de soberanía, una herramienta de política exterior y una respuesta urgente frente a la crisis climática. En un continente que se calienta más rápido que casi cualquier otro punto del planeta, la voz de Chile —y la de su comunidad científica— resulta indispensable en las decisiones que definirán las próximas décadas.

Una delegación diversa y potente

Lo que hizo memorable la participación chilena en SCAR 2026 fue su amplitud. No se trató únicamente de glaciólogos o biólogos: fue una delegación que integró ciencia, humanidades, formación de nuevas generaciones y arraigo territorial. El Instituto Milenio BASE, dedicado a la biodiversidad de los ecosistemas antárticos y subantárticos, aportó investigación de frontera en uno de los campos donde Chile ha ganado creciente reconocimiento internacional. La Universidad Autónoma de Chile y la Universidad de Magallanes —esta última, cuna histórica de la ciencia polar nacional— llevaron a Oslo el trabajo de sus equipos e investigadores, tendiendo puentes académicos con la comunidad global. Entre las voces académicas destacó el Dr. Luis Valentín Ferrada, de la Universidad de Chile e Instituto Milenio BASE, director del Programa de Estudios Antárticos y miembro del Comité Permanente de Humanidades y Ciencias Sociales del propio SCAR, cuya experticia en derecho y gobernanza antártica aportó una profundidad jurídica indispensable al debate sobre el futuro del continente y sobre la vigencia del Sistema del Tratado Antártico.

A ellos se sumaron el Centro Internacional Cabo de Hornos, guardián científico del extremo sur del continente americano; la Fundación Valle Hermoso, con su compromiso por acercar la ciencia y el patrimonio a las comunidades; y el Centro de Estudios Hemisféricos y Polares, que enriqueció el debate con una mirada geopolítica y estratégica sobre el rol de Chile en el sistema antártico. El programa Embajadores Antárticos, de la Fundación Huellas Magallánicas, y el portal web Mirador Antártico aportaron la dimensión de la divulgación y la formación ciudadana, acercando el Continente Blanco a nuevos públicos. Mención especial merece la Coalición de Jóvenes Antárticos de Punta Arenas, cuya participación fue una señal poderosa: el futuro de la ciencia antártica chilena ya está en marcha, con una generación que no espera su turno, sino que asume protagonismo aquí y ahora. La cobertura periodística del canal de televisión ITV Patagonia permitió, además, que todo este despliegue llegara a las audiencias del extremo austral de Chile, tendiendo un puente informativo entre Oslo y el territorio.

Cuando la ciencia se encuentra con la cultura

Uno de los momentos de la presencia chilena estuvo a cargo del historiador Francisco Sánchez y la periodista María Pastora Sandoval, quienes lideraron dos eventos que ampliaron el sentido mismo de lo que significa "hacer ciencia antártica". En un SCAR que este año otorgó espacio expreso a las Humanidades y las Ciencias Sociales, ambos presentaron el libro "Cuentos Antárticos y Algo más", una obra que rescata las historias, los relatos y la dimensión humana del Continente Blanco. Porque la Antártica no se explica solo con datos y mediciones: también se cuenta, se narra y se transmite. Ese cruce entre rigor y relato, entre archivo histórico y divulgación, dejó en Oslo la certeza de que la identidad antártica chilena tiene tanto de laboratorio como de memoria y palabra.

El reencuentro con la comunidad chilena en Oslo

Más allá de las salas de conferencia, se desarrolló un encuentro con la comunidad chilena residente en Oslo, una instancia que trascendió lo académico para convertirse en un verdadero acto de diplomacia ciudadana. La actividad fue realizada por Francisco Sánchez y María Pastora Sandoval, gracias al apoyo de la Embajada de Chile en Noruega y a la organización de COFOCHILEX Norge, la comunidad de connacionales en ese país. En la ocasión participaron, entre otros, su presidenta, Juana Ibáñez; el comunicador Carlos Soto (@Oslo_yes), y la Doctora Antonieta Labra, en una jornada que combinó ciencia, cultura e identidad. Compartir el trabajo antártico con connacionales lejos de casa, tender lazos y sembrar orgullo por lo que Chile aporta al mundo desde el sur austral fue una forma concreta de recordar que la ciencia también une, también convoca y también construye país fuera de nuestras fronteras. En cada conversación, en cada aplauso, latió la misma idea: la Antártica es un patrimonio que nos pertenece a todos y que nos define como nación.

Lo que viene por delante

SCAR 2026 no fue un punto de llegada, sino de partida. Chile regresa de Oslo con nuevas colaboraciones internacionales, redes fortalecidas y una hoja de ruta clara. Por delante quedan desafíos mayúsculos: consolidar la infraestructura científica en el continente, avanzar hacia una investigación más sustentable —con energías limpias como el hidrógeno verde en el horizonte—, integrar mejor la logística estatal con la producción de conocimiento y, sobre todo, seguir formando a la generación de jóvenes que tomará la posta. La proyección de nuevas bases científicas y la renovación de las existentes marcan un rumbo ambicioso para un país que entiende su presencia antártica como una vocación permanente, no como una circunstancia pasajera.

Chile llegó a Oslo a hacer olas. Y las hizo. Con ciencia de excelencia, con humanidades que dan alma a los datos, con jóvenes que empujan el futuro y con un liderazgo —el del INACH y su director, Gino Casassa— que le recuerda al mundo que el sur también piensa, investiga y decide. La delegación vuelve a casa con la frente en alto y una misión renovada: seguir haciendo de la Antártica un espacio de conocimiento, cooperación y paz. El Continente Blanco sigue esperando, y Chile, una vez más, respondió presente.

Fotografia Constanza Barrientos

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