Chile alcanza un récord histórico de publicaciones científicas antárticas en 2025

En un continente donde la ciencia es, además de conocimiento, una forma de presencia y de soberanía, Chile acaba de marcar su mejor año. El Instituto Antártico Chileno (INACH) dio a conocer la lista de artículos científicos sobre la Antártica correspondientes a 2025, extraída de la Web of Science —el repositorio que reúne a las revistas que cumplen con los más altos estándares de publicación—, y la cifra es elocuente: 134 artículos, un récord en la historia de la ciencia polar nacional.

El dato no es un número aislado. Es la última estación de una trayectoria que comenzó a acelerarse en 2006, cuando el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN) se reformó para potenciar su calidad y competitividad mediante concursos abiertos y transparentes. Aquel año Chile firmaba apenas 16 artículos antárticos. Dos décadas después, ese número se ha multiplicado más de ocho veces, en un ascenso sostenido tanto en cantidad como en impacto. Pocos indicadores de gestión pública en Chile pueden exhibir una curva tan consistente y tan claramente atribuible a una decisión de política.

Una radiografía de la ciencia polar chilena

¿Hacia dónde mira la ciencia antártica chilena? En 2025, la producción se concentró en las líneas I y VI del PROCIEN —Estado del ecosistema antártico y Huellas humanas en la Antártica—, que sumaron 79 papers entre ambas. La línea III, Cambio climático en la Antártica, exhibe el mayor factor de impacto promedio, aunque también la mayor desviación estándar, lo que revela una alta heterogeneidad entre las revistas donde se publica. Dicho de otro modo: cuando la ciencia chilena publica sobre clima antártico, lo hace a veces en las revistas más prestigiosas del planeta y otras en publicaciones de alcance más acotado. En el otro extremo, la línea VII, Ciencias sociales y humanidades, aparece como la menos desarrollada: una veta todavía incipiente en el programa, pero llamada a crecer a medida que las preguntas sobre gobernanza, historia y dimensión humana del continente ganan peso en la agenda global.

Hay un indicador que merece detenerse: el 72 % de las publicaciones del período aparecieron en revistas de alto impacto, en los cuartiles Q1 y Q2. No se trata solo de publicar más, sino de publicar donde la comunidad científica internacional realmente mira. La cantidad, en este caso, no se ha conseguido a costa de la calidad.

El tablero mundial: tradición, ascensos y un lugar para Chile

El logro chileno cobra otra dimensión al situarlo en el mapa global. La ciencia antártica vive una reconfiguración profunda. Según el Antarctic Research Trends Report 2025 —elaborado por el Arctic Centre de la Universidad de Umeå junto a la Universidad de Tasmania y el NIFU, con apoyo del Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR) y que analizó cerca de 30.000 publicaciones revisadas por pares entre 2016 y 2024—, las naciones que históricamente dominaron la producción polar (Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Australia) muestran una tendencia a la baja en años recientes. El gran movimiento del tablero ha sido el ascenso de China, que casi triplicó su producción desde 2017 y, entre 2022 y 2024, superó a Estados Unidos como principal país emisor de artículos antárticos.

El mismo informe advierte una paradoja inquietante: el número total de publicaciones antárticas alcanzó su punto máximo en 2021 y desde entonces ha descendido levemente, justo cuando los cambios que se observan en el continente —deshielo, alteraciones en los ecosistemas, eventos extremos— exigirían más investigación, no menos. En ese escenario de programas consolidados que retroceden, el dato chileno destaca por su dirección: mientras varios referentes mundiales decrecen, Chile crece. Y lo hace con calidad. Si a nivel global más de la mitad de las publicaciones antárticas recientes se ubican en revistas del primer cuartil —más del doble del promedio de todas las disciplinas científicas—, la concentración chilena en cuartiles Q1-Q2 confirma que el país juega en esa liga de exigencia.

Chile no es un recién llegado a esta conversación. Es uno de los doce signatarios originales del Tratado Antártico de 1959, junto a Argentina, Australia, Estados Unidos, Reino Unido y el resto del grupo fundador. Pero una cosa es la antigüedad del asiento y otra el peso de la voz. En el Sistema del Tratado Antártico, la producción científica es la moneda con la que se gana influencia en las decisiones sobre el futuro del continente: solo los países que demuestran "actividad científica sustancial" acceden a la categoría de miembros consultivos con derecho a voto. Cada artículo en una revista de alto impacto es, en ese sentido, un argumento más en la mesa, y cada récord de publicaciones, una forma de blindar la posición chilena frente a actores con presupuestos mucho mayores.

En el plano regional, Chile se ha posicionado como una de las naciones latinoamericanas más productivas en ciencia en general —segundo lugar de la región en rankings como el de Nature, solo por detrás de Brasil—, y en el terreno antártico esa posición se traduce en liderazgo: el país figura entre el 25 % de las publicaciones polares más citadas del mundo. Un dato que resulta aún más notable si se considera que Chile destina apenas alrededor del 0,36 % de su PIB a investigación y desarrollo, muy por debajo del promedio de la OCDE, cercano al 2,7 %. La ciencia antártica chilena rinde, así, mucho más de lo que sugeriría su financiamiento.

Liderazgo regional: la voz de Sudamérica en el hielo

Esa cooperación no es retórica. En la 62.ª Expedición Científica Antártica (ECA 62), desarrollada entre noviembre de 2025 y abril de 2026, el despliegue chileno integró buques y aeronaves de las marinas de Colombia y Perú, fortaleciendo la presencia latinoamericana en el hielo. A ello se suman acuerdos bilaterales que amplían el horizonte más allá de la región, como el memorándum de entendimiento suscrito en 2025 entre Chile y Canadá para el desarrollo de investigación polar conjunta y el intercambio de información científica. Estación tras estación, el INACH ha prestado apoyo logístico a más de una decena de programas antárticos extranjeros, una forma concreta de convertir la geografía en diplomacia.

Magallanes y la base Escudero: ciencia que no se detiene

Y aquí la geografía se vuelve estrategia. Hacer ciencia antártica desde el territorio chileno no es un detalle administrativo: es la materialización de una política de Estado que entiende a Magallanes como la puerta de entrada al Continente Blanco. Punta Arenas no es solo el punto de partida logístico hacia el hielo; es, cada vez más, un polo de conocimiento donde se piensa, se financia y se proyecta la presencia chilena en la Antártica. Cada concurso del PROCIEN, cada campaña, cada paper que sale de un laboratorio regional refuerza esa condición.

El símbolo más claro de esa apuesta es la base "Profesor Julio Escudero", la principal estación científica chilena en la isla Rey Jorge, que por segundo año consecutivo permanecerá operativa durante todo el invierno polar. La medida rompe con la tradición de concentrar el grueso del trabajo en terreno en el verano austral y permite un monitoreo ininterrumpido de variables climáticas y ambientales. "La Base Profesor Julio Escudero es nuestro punto principal neurálgico de la ciencia antártica; no solamente se realiza ciencia en este lugar, sino que sirve como un puente para movilizarse tanto por vía aérea o marítima a otros sectores de Antártica y donde están nuestros laboratorios principales", ha destacado Casassa. Mantenerla abierta todo el año, agrega, es "algo esencial" para asegurar que la generación de datos no se interrumpa, sin importar las temperaturas bajo cero.

Detrás de cada uno de esos 134 artículos hay, casi siempre, una campaña de terreno sostenida por una red poco visible: la Armada, el Ejército y la Fuerza Aérea de Chile, los rompehielos, los buques científicos como el Betanzos y la lancha Karpuj, y un cuerpo creciente de investigadoras e investigadores. En la ECA 62, por ejemplo, participaron 119 mujeres en roles científicos, logísticos y de liderazgo, una señal del cambio que vive una disciplina históricamente masculinizada.

El futuro: de la publicación a la política

El récord de 2025 llega en un momento de definiciones. En noviembre de ese año, el Consejo de Política Antártica aprobó el Plan Estratégico Antártico 2026-2030, que por primera vez incorpora al Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género y suma al Ministerio de Educación, con el compromiso de fortalecer la identidad antártica desde la sala de clases. El plan contempla, además, un estudio de factibilidad para instalar un cable de fibra óptica submarino entre Chile y sus bases permanentes, un salto que multiplicaría la capacidad de transmitir datos científicos en tiempo real desde el continente.

En paralelo, el INACH impulsa la Alianza Interuniversitaria Chile Antártico (AICA), una red destinada a integrar la temática polar en el pregrado, el posgrado y la investigación, y trabaja en una hoja de ruta para consolidar al país como polo de ciencia, tecnología y logística antártica. La mirada también se proyecta a la próxima gran cita global: el Año Polar Internacional 2032-2033, en cuya planificación Casassa ya ha sido invitado a participar en foros internacionales. Son piezas de un mismo tablero: convertir el prestigio científico en capacidades instaladas, y las capacidades en influencia. Los 134 artículos de 2025 cuentan, en el fondo, una historia más grande que la de un récord. Cuentan la de un país pequeño que decidió que la mejor manera de estar en la Antártica era entendiéndola, y que apostó por la excelencia científica como forma de soberanía. En un continente que el mundo entero observa con creciente preocupación por el cambio climático, y mientras algunas potencias reducen su esfuerzo investigativo justo cuando más se necesita, esa apuesta chilena —sostenida desde Magallanes, con presupuestos modestos y resultados sobresalientes— n

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