Un encuentro en las antípodas
Hay encuentros que ocurren en las antípodas del mapa y, sin embargo, suceden en el mismo lugar del corazón. Eso pasó el 14 de agosto en la Biblioteca de Oslo, cuando un puñado de chilenos, reunidos a miles de kilómetros de casa, sintió que el sur del mundo entraba por la puerta con olor a mar, a nieve y a memoria.
La cita fue posible gracias al empeño de la Embajada de Chile en Noruega y de CONFOCHILEX Norge, la organización que preside Juana Ibáñez y que congrega a parte de la comunidad chilena residente en Oslo. Allí, con la presencia del Cónsul Gustavo Canturias, se presentó el libro «Cuentos Antárticos y algo más», la misma obra que días antes había tenido su vitrina en el Open Science Conference SCAR 2026. Pero si la conferencia fue el escenario de la ciencia, aquella tarde en la biblioteca fue el escenario de la emoción.
El origen: una sala de clases en Cholchol
Los autores —el historiador Francisco Sánchez y la periodista científica María Pastora Sandoval— no llegaron a hablar solo de páginas y expediciones. Llegaron a contar de dónde nace un libro. Y el origen, contra todo pronóstico, no estaba en un despacho ni en una base polar, sino en una sala de clases: los verdaderos protagonistas de la obra son los estudiantes de Segundo Medio B del Liceo «James Mundell» de Cholchol, en plena región de La Araucanía. Niños y jóvenes de tierra adentro que, con la imaginación por brújula, se atrevieron a escribir sobre el continente blanco.
Cholchol y Oslo, unidas por un latido
El momento más entrañable llegó con un video. En la pantalla apareció el trabajo de los estudiantes del «James Mundell», que abrieron su saludo a Noruega con el popular «remen», ese gesto que dio la vuelta al mundo durante el pasado Mundial de fútbol. La sala se rió, y en esa risa se rompió la distancia. Después vinieron los testimonios: los de los propios estudiantes, los de sus profesores, los de los directivos del establecimiento. Las voces sencillas de una comuna del sur de Chile llenaron una biblioteca del norte de Europa, y a más de uno se le humedecieron los ojos. Cholchol y Oslo, separadas por océanos y husos horarios, quedaron unidas por unos minutos en un mismo latido.
Un saludo con viento antártico
La emoción tuvo, además, un saludo con uniforme y viento antártico. Desde el frontis de la histórica Base Naval Antártica «Capitán Arturo Prat» —próxima a cumplir 80 años— la dotación encabezada por su comandante, el Capitán de Corbeta Luis Bravo, hizo llegar sus palabras a la comunidad reunida en Oslo. Fue como si el hielo mismo tomara la palabra para decir presente.
Memoria viva: de 1947 al presente
El relato retrocedió también en el tiempo. Los asistentes vieron registros de la presentación del libro en la Escuela «Hernando de Magallanes», donde esa comunidad educativa dialogó sobre la obra junto al historiador Francisco Sánchez y el Seremi de Cultura de Magallanes, Rodrigo Bravo. Y viajaron aún más atrás, hasta 1947, para reencontrarse con la epopeya de la primera expedición antártica chilena, aquella gesta al mando del Comodoro Federico Guesalaga que daría origen a la actual Base «Capitán Arturo Prat». Pasado y presente, expedicionarios y estudiantes, todos convocados en una misma sala.
Palabras que resumen un viaje
El propio Francisco Sánchez resumió lo vivido con palabras que valen como cierre de esa jornada:
«Un dinámico diálogo se dio entre los participantes, siendo un emotivo momento y quizás el más emocionante de este viaje a Noruega en el marco de la conferencia de SCAR 2026. Ver sus rostros y compartir lo importante de nuestro Territorio Chileno Antártico fue maravilloso, más aún en las antípodas geográficas, siendo emocionante y muy gratificante poder compartir nuestras investigaciones, trabajos y proyectos».
Libros que germinan, un emblema que viaja
No podía faltar el gesto que hace de un encuentro algo que perdura. Los autores entregaron algunos ejemplares del libro a los representantes de la comunidad y al Cónsul, volúmenes que en el futuro formarán parte de una biblioteca proyectada por los propios chilenos de Oslo: semillas de lectura sembradas en tierra nórdica. Y al finalizar, se hizo entrega oficial del pabellón «Embajadores Antárticos», ese emblema reservado a comunidades educativas y personas que han abrazado la pasión por conocer la historia de Chile en el continente blanco. Ahora acompañará a la comunidad chilena en Oslo en sus próximas andanzas.
Nuevos horizontes
Entre quienes fueron testigos de la jornada estuvieron también Carlos Soto, de @oslo_yes, y la doctora Antonieta Labra, con quienes —a través del esfuerzo conjunto del programa Embajadores Antárticos— se espera concretar durante este año nuevos proyectos editoriales que sigan dando a conocer la historia, la memoria y la naturaleza que definen el espíritu pionero de quienes se han aventurado en tan distantes latitudes.
Terminó la tarde y afuera seguía el frío de Oslo. Pero adentro, entre abrazos, libros y una bandera compartida, la Antártica chilena había encontrado un hogar tibio en el corazón de sus compatriotas. Porque hay distancias que solo se miden en kilómetros. Y otras, las que de verdad importan, que se acortan con una historia bien contada.

