El VI Congreso Internacional Antártico reunió a autoridades militares, académicos e investigadores para revisar los avances del programa colombiano. Tras más de una década de expediciones, el país busca fortalecer su presencia científica y alcanzar una mayor participación en las decisiones sobre el continente blanco.
El papel de Chile en las primeras expediciones científicas de Colombia a la Antártica fue reconocido durante la inauguración del VI Congreso Internacional Antártico, realizada este martes 27 de octubre de 2026 en la Universidad Militar Nueva Granada. En el encuentro, antiguos responsables de las misiones navales y aéreas destacaron la colaboración chilena en la preparación de tripulaciones, la adaptación de equipos y el uso de Punta Arenas como punto de partida de sus operaciones aéreas hacia el continente austral.
El almirante Hernando Wills Vélez, quien encabezaba la Armada colombiana cuando se decidió realizar la primera expedición científica propia, recordó que «el apoyo principal fue Chile». Según explicó, la asesoría recibida permitió evaluar la embarcación que se utilizaría y efectuar las modificaciones necesarias para operar en condiciones polares.
La expedición Caldas, desarrollada durante la temporada 2014-2015 a bordo del ARC 20 de Julio, pasó por Punta Arenas antes de internarse en aguas antárticas. La misión exigió adaptar una nave que no había sido construida para esas latitudes. El vicealmirante Camilo Segovia, quien comandó la expedición, explicó que se modificaron sistemas del buque y se incorporaron equipos para efectuar muestreos oceanográficos. También destacó el entrenamiento brindado por Chile para realizar operaciones en el entorno antártico.
El respaldo chileno también fue decisivo para la Fuerza Aeroespacial Colombiana. El mayor general Eliot Benavides relató que sus tripulaciones se capacitaron con la Fuerza Aérea de Chile antes de operar aviones Hércules C-130 en condiciones de frío extremo de Punta Arenas, funcionó como punto de partida para los vuelos hacia la Antártica, con trayectos de unas tres horas.
La distancia era solo una parte de la dificultad. Benavides explicó que las ventanas de buen tiempo podían durar apenas dos o tres horas y exigían coordinación entre meteorólogos colombianos y chilenos. Recordó incluso que, en una de las primeras operaciones, la pista de aterrizaje quedó cerrada por las condiciones meteorológicas apenas 15 minutos después del arribo.
La cooperación tiene además un antecedente diplomático. El excanciller colombiano Julio Londoño Paredes recordó en el encuentro una visita al continente blanco facilitada por autoridades chilenas, antes de que Colombia formalizara su adhesión al Tratado Antártico en enero de 1989. Su relato permitió situar el vínculo bilateral mucho antes del inicio de las campañas científicas con embarcaciones propias.
Ciencia, financiamiento y participación internacional
Desde aquellas primeras campañas, Colombia incorporó el buque de investigación ARC Simón Bolívar, concebido con laboratorios y capacidades para operaciones polares. Según Segovia, este avance amplió las posibilidades de efectuar estudios oceanográficos y mantener una presencia científica más sostenida. Durante el congreso también se abordó la preparación de nuevas expediciones y la necesidad de asegurar su continuidad.
El desafío va más allá del transporte. Colombia es actualmente una parte no consultiva del Tratado Antártico: puede asistir a sus reuniones, pero no participar en la adopción de decisiones. Para aspirar a la condición consultiva debe demostrar una actividad científica sustancial en el continente, conforme a las disposiciones del tratado.
Wills planteó que el siguiente paso podría ser una estación científica de verano, aunque advirtió que su construcción y mantenimiento requieren recursos que superan las capacidades de la Armada por sí sola. Segovia coincidió en que hacen falta financiamiento estable y una coordinación institucional que reúna a universidades, organismos públicos y centros de investigación.
El contralmirante Daniel Núñez, presidente del Instituto Antártico Uruguayo, agregó otra dimensión: la cooperación entre países necesita compromisos de largo plazo. Recordó el apoyo ofrecido a investigadores colombianos en la base Artigas, en la isla Rey Jorge, y llamó a profundizar el trabajo conjunto.
Las exposiciones dejaron así una lectura relevante para Magallanes: la participación colombiana en la Antártica no se explica únicamente por sus buques o proyectos científicos. También descansa en redes de colaboración internacional en las que la experiencia chilena y la conexión aérea desde Punta Arenas han tenido un lugar concreto.

