En la península Fildes de la isla Rey Jorge, donde el invierno antártico impone noches interminables, ventiscas y temperaturas que congelan hasta los instrumentos, hay luces que no se apagan. Son las de la base "Profesor Julio Escudero", la principal estación científica de Chile en el Continente Blanco, que por segundo año consecutivo se mantendrá operativa durante todo el invierno, según confirmó el Instituto Antártico Chileno (INACH). La decisión permite la recolección ininterrumpida de información científica relevante y marca un avance significativo para la ciencia nacional, que tradicionalmente concentraba el grueso de sus campañas y trabajos en terreno durante el verano, cuando las condiciones climáticas son más benignas.
Lo que la temporada pasada fue una hazaña inédita, hoy comienza a transformarse en política permanente. Y eso, en el tablero de la ciencia polar mundial, no es un detalle menor: muy pocos programas antárticos logran sostener investigación civil activa durante el invierno austral.
Un equipo que desafía la noche polar
La base es dirigida actualmente por Jorge Kuimer Pacheco, funcionario del INACH, y cuenta con dos científicos en terreno: Luis Muñoz y Natalia Mestre, quienes trabajan en el proyecto "Perspectiva histórica del notable aumento de la temperatura atmosférica en el norte de la península Antártica", del investigador Francisco Fernandoy. El apoyo logístico está a cargo de personal de la Armada de Chile, en una muestra de la coordinación civil-militar que sostiene la presencia nacional en el extremo sur del mundo.
Los investigadores del Laboratorio de Análisis Isotópicos de la Universidad Andrés Bello (UNAB) colaboran, además, con la Plataforma de Investigación Antártica Transportable (TARP), iniciativa liderada por el Dr. Raúl Cordero de la Universidad de Santiago de Chile (USACH). Allí concentran sus actividades cotidianas supervisando los sensores de radiación solar y los equipos de estudio atmosférico, labor exigente que requiere reconfiguración manual y reinicio de sistemas tras los cortes de energía o conectividad, frecuentes en el ambiente polar. Cada dato rescatado en esas condiciones registra lo que ocurre en la Antártica cuando casi nadie está mirando.
La voz del INACH: un hito que se consolida
El director nacional del INACH, Gino Casassa, glaciólogo de trayectoria internacional, resume el sentido profundo de esta operación: "Abrir la base Escudero por segundo año consecutivo de forma permanente durante todo el año es algo esencial; la temporada pasada se transformó en un hito, pero este año lo estamos consolidando, donde la obtención de datos desde Antártica resulta ser esencial".
Sus palabras apuntan al corazón del asunto: el norte de la península Antártica es una de las zonas del planeta donde el aumento de la temperatura atmosférica ha sido más notorio, y comprender ese fenómeno exige series de datos continuas, sin vacíos estacionales. La ciencia del cambio climático no puede permitirse seis meses de silencio al año.
El rol estratégico de Chile en la ciencia antártica
La operación invernal de Escudero se inscribe en una vocación polar que Chile cultiva desde hace más de ocho décadas. En 1940 el país fijó los límites del Territorio Chileno Antártico y a fines de esa misma década instaló sus primeras bases permanentes, cuando muy pocas naciones se atrevían a habitar el continente. Chile fue, además, uno de los doce signatarios originales del Tratado Antártico de 1959, el acuerdo que consagró a la Antártica como territorio de paz y ciencia, y en cuya gestación tuvo un papel decisivo el jurista chileno Julio Escudero Guzmán, cuyo nombre honra hoy la base.
La geografía refuerza esa vocación: ningún otro país del mundo está más cerca de la Antártica. Desde Punta Arenas, la península Antártica se alcanza en poco más de tres horas de vuelo, lo que convierte a la capital de Magallanes en puerta de entrada y plataforma logística para los programas polares de decenas de naciones. Esa ventaja, sumada a la red de estaciones permanentes —las bases O'Higgins (Ejército de Chile), Prat (Armada de Chile), Frei (Fuerza Aérea de Chile) y la Gobernación Marítima de Bahía Fildes (Armada de Chile)—, posiciona a Chile como un actor estratégico insustituible en el Sistema del Tratado Antártico.
INACH: el cerebro de la ciencia polar nacional
En ese engranaje, el INACH cumple un papel articulador único. Con sede en Punta Arenas desde 2003, el instituto planifica y ejecuta el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN), coordina las expediciones científicas, administra los laboratorios y gestiona la cooperación internacional que cada temporada moviliza a decenas de investigadoras e investigadores nacionales y extranjeros.
La base Escudero, inaugurada en 1995 en la península Fildes, es la expresión material de ese esfuerzo: el principal nodo científico de Chile en el territorio antártico, dotado de modernos laboratorios multidisciplinarios, que sirve como punto de apoyo logístico para los proyectos del PROCIEN y de otros Programas Antárticos Nacionales. Que esa infraestructura funcione ahora los doce meses del año es un esfuerzo liderado por el INACH que proyecta soberanía científica: Chile no solo está presente en su territorio antártico, sino que genera conocimiento desde él, sin interrupciones, en beneficio de la comunidad científica global.
Ciencia que no se detiene
Con estas capacidades, el INACH y Chile reafirman su compromiso con la generación de conocimiento de frontera, asegurando que la ciencia nacional no se detenga, sin importar las temperaturas bajo cero o las inclemencias del invierno polar. Los registros atmosféricos, los estudios isotópicos y las mediciones de radiación solar que hoy se obtienen en Escudero alimentan investigaciones que ayudan a entender el calentamiento global, cuyas consecuencias alcanzan a Magallanes, a Chile y al planeta entero.
En la larga noche antártica, mientras la mayoría de las estaciones científicas del mundo aguardan la primavera, una bandera chilena sigue flameando junto a laboratorios encendidos en la isla Rey Jorge. Es la imagen de un país que entendió que el liderazgo antártico no se declara: se ejerce, dato a dato, invierno tras invierno. Y que en esa tarea, silenciosa y persistente, el INACH conduce desde Magallanes uno de los esfuerzos científicos más australes y significativos de la Tierra.
